miércoles, 22 de junio de 2011

Unas horas con Lola



 


Hace unos días, mi vecina Lucia, llamo a la puerta. Hola Lupe ¿te puedo pedir un favor? Claro le dije, lo que necesites. Veras, tenemos que llevar el sábado al perro al veterinario para que le hagan una pequeña cirugía y no queremos que Lola lo vea y como ella te adora, hemos pensado en ti para cuidarla durante ese tiempo. Claro que si, le dije, además estaré encantada, yo también adoro a la niña. El sábado por la mañana es la cirugía y mientras Carlos lo mete en el coche yo te traigo a la niña. Vale le conteste son disimular mi alegría.
Al llegar Sabela se lo comente, pero me dijo, que no podía, que tenia ir a casa de su madre y no creía que volviera hasta el domingo.
El sábado a eso de las diez sonó el timbre, eran Lucia y la pequeña Lola, la niña traía un vestidito estampado y unas sandalias y su madre le había hecho unas trenzas en el pelo, estaba monísima, es una muñeca.
En una mochila de Hello Kitty la niña traía algunos de los juguetes que más le gustan. Vete tranquila que la niña y yo lo pasaremos muy bien, le dije a Lucia mientras la niña se despedía de ella.
Ven para el salón le dije ofreciéndole mi mano. Allí nos sentamos las dos en el sofá y con su característica forma de hablar, puesto cecea, comenzó a hacerme las miles de preguntas que siempre me hace, yo disfruto contestándole y escuchando su encantadora forma de hablar.
Hasta que asomo la cabeza Pepe, que estaba intimidado por la visita, solo lleva unos días en casa y a la gente de fuera le tiene vergüenza o miedo, todavía no lo sé. Lola ¿quieres conocer a Pepe? Lola puso cara de extrañada, supongo que pensaba que a Pepe ya lo conocía, pero le dije, nosotras también tenemos en casa a un Pepe, pero este es pequeñito y no es un perro.
Ven Pepe, no tengas miedo le dije ofreciéndole unos cacahuetes que todavía tenía en el bolsillo. Ven a conocer a Lola volví a repetirle mientras Lola se acercaba a mí. Pepe salió de su escondrijo muy despacito. A lola se le iluminaron los ojos, esos ojos azules que tiene, la expresión de su cara era una delicia, una mezcla de miedo, emoción, incertidumbre y curiosidad. Sujetándome la mano dijo “ven Pepe mira que cozas tengo en la mochila”.
Pepe se subió a mi regazo y le dijo “hola”, la niña me miro con cara de asombro, puesto que no daba crédito, una criatura diminuta que habla no es algo que se vea todos los días. Cógelo con cuidado, le dije, a la vez que le daba a la niña unos cacahuetes para él, la niña no sin miedo lo cogió con sus manitas y ambos se sonrieron, había nacido una bonita amistad.
A los cinco minutos los dos estaban hablando de sus cosas como si se conocieran de toda la vida.
La niña y Pepe se lo pasaran en grande, jugaron, charlaron y sobre todo disfrutaron de lo lindo. A la niña se le hizo corta la mañana ya que cuando Lucia vino a recogerla no quería irse.
Déjala comer aquí le dije, te la llevo yo después de comer, Lucia dándole un beso le dijo a la niña, vale, pero pórtate bien.
Por cierto ¿que tal el perro? ¿Ha salido todo bien? Le pregunte, Si me dijo, se ha quedado allí unas horas, hasta que despierte de la operación y comprueben que no hay infección ni nada por el estilo, por la tarde iremos a buscarlo.
Lola mirándome me dijo “cere buena”, te lo prometo y siguió jugando con Pepe.
Aunque Lucia me había dicho que la niña comía muy mal, ese día conmigo comió todo y rechistar. Para mí fue un día precioso, un dia que me gustaría repetir.
Desde ese día Lola se las apaña para venir a casa a saludar a Pepito, como ella le llama. La verdad es que se llevan muy bien.


Lilian Moeysewa

2 comentarios:

  1. Gracias por publicar esta carta.
    Un beso mi niña

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  2. schhhhhh nu digas nada, que nu sabian que es tuyaaa..cachissss...te QUIEROO MUCHOOOO

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